• Cortina de Humo / Francisco Leal

lunes, 29 de julio de 2013

Entrevista a Pablo Maire en Lecturas Ciudadanas




Lecturas Ciudadanas entrevistó a Pablo Maire, destacado artista visual y poeta chileno que, como ocurre muchas veces en nuestra escena artística, vive lejos de Chile (en la ciudad de Lima) y desde allá desarrolla un trabajo interesantísimo que mezcla política, género, sexualidad y vértigo utilizando diferentes elementos artísiticos para desarrollar una obra que en todos sus aspectos, ya sea desde la fotografía, la escultura, la pintura, la performance, siempre dialoga y se mueve dentro de si misma con elasticidad y desgarro. 

Por Angela Barraza Risso


1.- Considerando que eres chileno y que resides en Perú, ¿cuál es tu relación con el territorio en virtud de la creación?


El territorio es mental y la mejor definición es la del “ilegal” más que residente porque debo cruzar cada cierto tiempo la frontera para volver a ingresar como “turista”. Increíble, si piensas que en el modelo, los productos circulan sin grandes inconvenientes y las personas están sometidas a un tipo de régimen que les impide el libre tránsito, sea cual sea su objetivo. 

El Perú es un país de fiesta, al contrario de Chile. Acá encuentras en distintos lugares fiestas religiosas, patronales, festividades, la música, la danza, un sinfín de manifestaciones que generan entusiasmo, una suerte de catarsis colectiva de la que, en gran parte, Chile carece. Pienso, cómo una sociedad se descomprime de lo cotidiano y entra en transe, porque acá no es nada complejo agendarlo y visualizarlo. Entonces toda esa colectividad de imaginario se te presenta como una posibilidad de ir pensando, ideando una obra o un trabajo artístico. Lo planteo desde mi experiencia y cómo ella ha permeado mis propuestas en el tiempo que vivo en Lima, porque esta concurrencia de experiencias puede sin duda develarse en otros territorios con disímiles resultados, es decir, esa metáfora tan famosa de Lautremont “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas” podría resumir de manera sublime la potencia creadora de un individuo - no sólo en el arte – en cualquier espacialidad. 

Así tomo el tema de Chile o Perú, algo fortuito. Me quedo con la reflexión de Schopenhauer: “Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación“.


2.- Hablando de tus esculturas, ¿cuál es tu relación, tu vínculo con la muerte?


Siempre uno se plantea un eje articulador en su trabajo. Algunos lo hacen con el tema de la luz, personajes, figuraciones, representaciones, materia, volumen, temáticas, trazos, etc….Pensé en cómo un elemento arquetípico podía formar parte de un imaginario que, teniendo vínculo con la muerte, pudiera resignificarla y darle un valor distinto, un simbolismo alterado que puede argumentar una obra remitiendo a una recreación factible y en lo posible mantuviera una pulsión que le diera vitalidad. Mi trabajo tiene que ver con la alusión de la elución, del choque que aturde, del lado “siniestro” de las cosas. Evitamos que nos enrostren la muerte y más de manera tan grotesca.

Es paradojal que algo hueco pueda generar una sustancia discursiva y ella fuera transitando de distinto modo y expresiones. Cada una la considero una resurrección, una representación que se mueve en una nebulosa, en una formación permanente. Pudiera ser presumido decir que me encuentro abocado en la construcción de mitos, pero sin duda algunos trabajos rozan esa construcción más primitiva del hombre, porque me perturba y me iré derechito al lecho con grandes incógnitas, no de mi trabajo, sino de nuestra conformación. 





3.- En tu serie de pintura “Dictadores L.A” vemos una clara referencia a la opresión sufrida en América Latina por la Operación Cóndor. Sin embargo, contrasta la brutalidad de las imágenes con la vitalidad de los colores. ¿Cuál es para ti el vínculo discursivo que existe en estas dos formas de comunicar (color/imagen) y cuáles son tus influencias a la hora de desarrollar esta obra? 




No me aboqué tanto a la Operación Cóndor, sino a los dictadores más significativos de América Latina en nuestra historia reciente. Son 12 cuadros del mismo formato. El conjunto por lo demás es la sumatoria y complemento de un dictador con otro, es decir, el cuadro de Banzer bien podría ser el de Batista y así sucesivamente….cada quien procederá a complementar los lienzos. Los contextos son imaginario propio, en algunas se alude a la participación de la Iglesia Católica, lo cavernario de los dictadores, su participación directa en la muerte, una desnudez que evidencia sus desgracias y la desgracia también de las víctimas. Los cráneos una vez más son un eje articulador, una insistencia en re-emplazar el centro de nuestra conciencia por un elemento finito, engañosamente blanco e inanimado. Me dice un amigo, parece una representación de nuestra enajenación, un mundo desolado y vacío. Como tú señalas, la contrariedad o paradoja de un color que explota y alumbra algo que origina penumbra. Es justamente el color que apoya y ensalza la dramatización y anima la representación. 






4.- Tanto en tu pintura, como en tu trabajo fotográfico, existe un vínculo entre lo brutal y lo sexual, una oscilación entre el eros y el tánatos que genera, a ratos, incluso un asco psíquico al espectador. ¿Cuál es tú visión de la sexualidad y por qué generas ese vínculo en tu obra?


Pocas veces me creen cuando digo que mis trabajos tienen que ver más con lo amoroso que con lo brutal, como en Autorretratos, donde el cuerpo se excede y expone en circunstancias “nada clichés” su rendición erótica u homoerótica, pero entiendo que quien observa se ve cuestionado, intimado, aludido, reflejado. Todo esto acompañado con algunos animales muertos que encontré frente al mar donde habito, escenificando un sacrificio u ofrenda religiosa. Es el primer momento el que más uno tiende a apreciar el arte, ese simple me gusta o me disgusta y ya en un segundo instante entra la explicación un poco más racional, argumentativa. Imagina que el cerebro es como la corteza de un árbol, lo nuclear por así decirlo viene de nuestro ser más primitivo y las últimas capas de nuestra racionalidad. “Lo desconocido, decimos, está en el terreno de la monstruosidad…”, dice el poema. 

Por ejemplo, Autorretratos tiene mucho de grotesco, de una pulsión que emerge entre lo cotidiano y la inmortalidad, es un juego lúdico muy próximo a la experiencia chamánica donde el cuerpo asume un estado más complejo, menos prejuiciado y cuando el espectador es invitado al proceso se resiste porque la sexualidad está permeada de castigo, de norma, de compartimentos estancos. Voy creando un viaje donde se van representando diversas situaciones, contextuadas en un universo posible y el erotismo como pulsión creadora emerge en casi toda la serie. No será la última vez donde alguien me señala que el trabajo genera rechazo y también un cierto encanto, al parecer posibilidades bipolares de ser halladas. 

El cuerpo es un resumidero de condicionamientos, de vigilancia que agudamente explica Foucault en sus textos. Y cuando ese cuerpo asume un rol erótico, es doblemente sancionado, porque se aleja del control. Pero aún más cuando no tiene que ver con la hétero-norma. En mis trabajos trato de liberar las contenciones heredadas y armar un entramado lúdico, sexualizado, homosexualizado, porque con eso, pienso en borrador, armo una tensión visual entre “lo normal” y “lo anormal”, entendiendo a esto último como la realización de acontecimientos que explica el grupo controlador. Por lo tanto, si entiendo a la sexualidad como un componente movilizador, dinamizador, ella estará presente en las distintas disciplinas que intento abordar y no de cualquier modo, pues (subrayo) pretendo, sólo pretendo sea un discurso no domesticador o, mejor planteado, contra la domesticación de un discurso dominante y homogenizador. 




5.- En tu trabajo fotográfico, específicamente en la serie “Erótica mitológica” podemos observar un eje discursivo que, claramente explicita la erotización homosexual, en donde el falo, en sus diversas manifestaciones, cumple un rol protagónico y los hombres se llevan a la máxima expresión de lo femenino a través del travestismo. Sin embargo en tu trabajo, cuerpo femenino se encuentra totalmente minorizado. ¿Cuál es tu visión respecto del cuerpo femenino? ¿Por qué se encuentra particularmente ausente?



Erótica Mitológica fue una serie fotográfica que en gran medida surgió a partir del diálogo e intertextualidad del erotismo manifestado en ilustraciones japonesas de los siglos XVII – XVIII que retratan a parejas o grupos en práctica sexual evidente o sugerida y de figuras eróticas efectuadas por diversas culturas precolombinas en el Perú a través de un entramado semiótico relevante, pero que en Erótica Mitológica recae y se acota en un imaginario andino manifestado principalmente a través de su indumentaria (vivificada en la sierra peruana), el género como condición identitaria y el juego lúdico y plástico que nos permite la pulsión erótica, todo esto en un ambiente teatralizado en modos cuidados.


No siento que el falo esté sobre-representado en el trabajo, con toda la carga simbólica que posee, principalmente la violenta e irruptora, la que somete y relega otros cuerpos, pero sí quería generar un diálogo con aquellas ilustraciones en más de alguna fotografía (creo que en mi caso dos a tres) el falo tenía que estar representado. Las sociedades antiguas lo asociaban a la fertilidad, basta con observar los huacos que diversas culturas poseen con la figuración fálica. Acá en Lima existe el Museo Larco que posee una Sala Erótica y un sinnúmero de figuras que no dejan en absoluto de ser contemporáneas, claro está, con nuestras cargas. Ahora bien, la pregunta formula la relación diádica entre presencia y ausencia, es decir, falo en relación a cuerpo femenino y eso creo que en el trabajo lo “equilibré” y rehusé en gran medida el cliché y la típica representación también de lo femenino, que en Erótica Mitológica recae principalmente en la transexualidad, sin excluir al cuerpo femenino (apareciendo en cuatro fotografías). ¡¡Perdón por cuantificar!! Me propuse que los elementos en juego fueran dando espesura al trabajo, manifestado en el gesto performático de los retratados (hétero, homo, trans), del color de las prendas, la muerte como pulsión mediante el empleo de animales muertos o partes de ellos como tripas o lenguas, lo religioso como ámbito muy representativo en el mundo andino. Verás la recurrencia de algunas imágenes, como la Lechera de Vermeer, pero esta vez en un cuerpo travestido vertiendo su líquido sobre otro cuerpo travestido, o la Piedad de Miguel Ángel, esta vez en cuerpos travestidos, asomando el desnudo total y hasta la mirada indiferente de la muerte.

Pienso que no hay final porque no se trata de redenciones, sino de alteraciones, no es un trabajo confesional, sino libertador y en donde no entran sólo dos personas (confesor y confesado) a develar sus deseos masturbatorios, sino pulsiones elementales, más complejas y nutritivas, no se trata de la verdad porque el arte no versa sobre ella, cómo en este trabajo una pulsión se fusiona con otra para dar continuidad a esa misma fusión (eros y tanatos), cómo explora la sexualidad de otro a través de una representación artística, la posibilidad del conflicto y la armonía circundante que genera un trabajo con estos acentos. Todo es móvil. 





6.- Respecto de tu obra como poeta, ¿A quién le escribes? ¿Cuál es tu público lector?, y si pudieras acotar algo respecto de tu obra, una aclaración, un pequeño instructivo, ¿qué podrías decir?


La poesía, pienso, intenta abordar el misterio con el único propósito de hacerlo crecer y esto se traduce en el poema. Desde ese punto de vista me permito hacer el ejercicio idealizado de hallar una manera más o menos comprensible del mundo y amparado en el lenguaje, reinterpretarlo. Porque el poeta, pienso, siempre está situado (aquí y ahora), aún con la amarga sensación de encontrarse escindido de la realidad, esa que le aflige. Es decir, es un ser (o soy un ser) que escribe, esto es pensar y sentir, para la parte de un mundo capaz de otorgar una supra-noción al existir, le importa tanto como al poeta su forma de lenguajear para crear lenguaje. 

Una de mis principales influencias ha sido la obra de César Vallejo. A mí modo de ver uno de los poetas universales de mayor capacidad rupturista. Es cosa de sentarse a leer Trilce y quedar locamente asombrado. No hay que olvidar que su primera edición es del año 1922. Cada verso es una reflexión compleja, muy hermética, como si en la actualidad siguieran ocurriendo, un decanto ilustrado y preclaro. Un texto muy contemporáneo y eso es un valor indiscutido cuando se analiza la obra de un poeta o artista. Sus otros poemarios, Los Heraldos Negros, Poemas Humanos, España aparta de mí este Cádiz son todos tan exquisitos que ninguno secunda al otro. Mi primer poemario (“Escribí estos versos de Espalda”) tiene una base indiscutida en la conversación que establezco con Vallejo y su obra.

Mi segundo poemario (“Ombligos”) invita a la mesa a W. Whitman, A. Rimbaud, B. Brecht, P. Neruda, A. Artaud y muchos poetas surrealistas. Es una influencia dispersa en discursos y poéticas. La cuestión eso sí es tener una postura en tu tiempo, en entender que la poesía tiene un lugar irreductible en el mundo y el valor reside en la voz del poeta, en su intimidad revelada al mundo capaz de trasformarlo, de hacerlo un espacio reflexivo, es decir, lo que sucede no es para dejar inmutable a nadie. Y hay un tercer poemario que dará a luz quizás cuando y dialoga con T.S.Elliot, E. Lihn, J. Sabines y más macizamente con Luis Cernuda. Es una mirada un poco abatida del poeta, pues siente que el mundo ya terminó y su gloria le fue arrebatada. Un sentimiento agónico que ni en el desespero la religión fue capaz de sublimar. Algo desalentador.

Si hay conciencia del trabajo poético y artístico, así como Baudelaire dictó conferencias catastróficas en términos de audiencia, nuestro público será reducido no por antojo, sino porque los intereses están puestos ciegamente en objetos de consumo que logran ser más trascendental al ser humano, alienado. Se conjugan distintas problemáticas: acceso, economía, cultura, interés, etc. Por tanto, por más que se fije un público ideal de tu obra, mediarán esas cuestiones sociales y será muy resumido.

Mis dos poemarios, “Escribí estos versos de Espalda” de Ediciones Cataclismo y “Ombligos” de Editorial Fuga, pueden ser descargados y leídos desde mi página. Quien tenga un modo distinto de interpretar los trabajos, helos ahí. 




7.- De todas las disciplinas que practicas, ¿Con cuál comenzaste tu producción y cómo? y ¿Con cuál te quedas y por qué?


Bueno, el primer recuerdo es la escritura. Creo que los relatos y cuentos fueron mi acercamiento a la expresión artística. En el campo visual fui bien reprendido y castigado con evaluaciones mediocres, lo que me desanimó profundamente. Crecí con la idea de que “lo que articulaba” estaba mal configurado y debía escindirme de ese mundo, es decir, mi discurso, por muy pequeño que fuera, era invalidado. Así que decidí retomar el ejercicio del imaginario visual en mi adultez para ir pensando algunos trabajos ya hechos y otros que aún mantengo en carpeta. 

El tema es que en cada expresión empleo potencialidades distintas y el uso de la materialidad en cada una viste un discurso nutrido de formas diferentes. De modo tal los valores que asigno a cada tipo son indistintos y en parte me guío por el entusiasmo, sustantivo que proviene del griego enthousiasmós, que significa etimológicamente algo así como “rapto divino” o “posesión divina”, es decir y como creían los antiguos, uno actúa como un poseso en la creación. Me muevo así, literalmente, cosa que en mi caso distribuye las energías según las condiciones esenciales de la posesión. Un tiempo es la poesía otro tiempo la fotografía, otro la pintura o escultura. Así que optar por una expresión en detrimento de otra, hoy por hoy, no se encuentra en el tablero de las posibilidades.




8.- Atendiendo a la contingencia de los problemas limítrofes entre Chile y Perú, ¿cómo vive un chileno en Lima? ¿Te has sentido discriminado en algún momento por tu nacionalidad? ¿Has sentido que eso merma tu trabajo artístico en Perú de alguna forma?


La verdad es que desde que llegué a vivir a Lima no he tenido problemas. Lo más “violento” podría ser cuando suponen tu procedencia sureña guardan silencio frente a una pregunta. Siento que en Chile al peruano se le maltrata y los discursos prejuiciados abundan, como si ese miedo estuviera representado en “otro” distinto, en alguien que no conozco, y peor, ni quiero conocer. La basura mediática promueve y orquesta de igual modo el desprecio a otro, escalando así la ignorancia y reproduciendo socialmente discursos proto-discriminadores. Al menos mi experiencia ha sido grata viviendo acá.

En torno a lo artístico, pienso que el principal obstáculo para exponer en algunos circuitos ha sido mi imaginario. Cuesta, en sociedades conservadoras como las nuestras, exponer trabajos donde lo erótico, lo político o mi imaginario tengan tanta contundencia en sus representaciones. Además, las clásicas argollas, grupos de elite y círculos cerrados existen con más fuerza acá (y cuando uno habla de un círculo en el arte lo que dice en el fondo es grupo de poder) porque los espacios en vez de aumentar decrecen y en muchos la usura es un pensamiento que adquiere más fuerza. Lo que resta son los espacios virtuales, las publicaciones en revistas, las redes sociales y las muestras colectivas. Algo saturado eso sí escuchar: ese arte no es para acá, sino Europa. 




9.- Considerando que tu trabajo artístico se fundamenta en la explicitación de temas que, aún son considerados tabú en muchos segmentos de la población latinoamericana, como lo son el sexo y la muerte, ¿cómo esperas que sea recepcionado tu trabajo en el futuro? ¿Sientes que nuestras sociedades, tanto la chilena como la peruana, son tan conservadoras como se plantean respecto de sus políticas de estado en cuanto a la administración de los cuerpos?

Las dos sociedades comparten similares valores, una de otra no mantienen diferencias abismales, podría una ser la otra sin causar daño en sus estructuras valóricas. Muchos símbolos poseen un mismo cogollo, la religión aún mantiene un status, para mí absurdo, pero no deja de persistir en legislar, normar, castigar, desplazar, etc, aquello que “burle” la norma y visión que en definitiva estructura la relación entre los seres, más grave aún la consolidación de una clase política ordinaria (es decir ajena de lo extraordinario) que asiste entusiasta y anima la perpetuación de un régimen esclavista, rígido, censor, adiestrador de sus habitantes. Uno y otro nuevamente símiles. Si pensáramos que la idea de conservar el amor por ejemplo, la libertad sin letra chica, si quisiéramos conservar una educación justa y sin arbitrariedades, un arte irreverente y loco, el concepto no podría ser sino una fuente de desarrollo inimaginado para una sociedad, pero es la antítesis de una puesta y apuesta en torno a perpetuar lo ilegítimo, la barbarie, el individualismo y la borrachera del consumo y el gasto. Son dos sociedades que pensándose muy distintas en el sustrato, tienen un esqueleto artrítico que toma sombra bajo un mismo árbol.

Perú lidera según una última encuesta como el país más homofóbico de América Latina. Sus espacios son clausurados por el aparato del Estado al considerarlos lugares de reclusión para la prostitución, cuando paradojalmente ella no es delito. La caricatura del Homosexual es utilizada a en la Televisión basura, considerando eso un discurso despreciativo de un modo inconciente que se mofa de lo femenino. Es decir, por tratarse del espacio público, cierto tipo de caracterización es aplaudido y estimulado en detrimento de una libertad sexual y corporal que se circunscribe a un territorio individual. Los ascos a la diversidad de género y sexual, traducidos en violencia física y sicológica, en distintos grados de contención, son en ambos territorios visibles y dimensionables. No sólo desde lo social se invisibiliza, sino además de lo sexual. Ello porta un riesgo evidente en la vulnerabilidad de derechos de minorías que no son minorías en estricto sentido, empujándo(nos) a un leprosario sociosexual. Imagina que en torno a la mujer, agredida en el espacio íntimo y colectivo, impedida de su legítimo derecho al dominio de su cuerpo, durante la dictadura fujimorista miles de ellas fueron esterilizadas sin consulta para el control (de una población de bajos ingresos) de la natalidad, o sea, creo que esta escenificación de la tragedia es fácilmente transmisible a lo que sucede bajo la administración de un dopaje más refinado que, bajo el adormecimiento, ampara la violencia de género sin que ello alarme mucho y sólo quede relegado a los “anecdótico” de lo terrible.

Mi trabajo ha ido cobrando fuerza, en el entendido que para que ello suceda es importante tener un público receptor amplio y diverso. Las redes han sido un aporte importante, pues los espacios galerísticos o afines tienen más reticencia a mostrar un arte tan confrontacional e inquietante como otros han definido mi propuesta. Sigo recreando y pensando el mundo. Para mí el arte tiene que ver con la reinterpretación de la “realidad”, creando una naturaleza distinta de las cosas y eso puede tomar años de trabajo con altas dosis de tolerancia a la frustración, pero el territorio se ha ido diseminando, lentamente. 


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Todas las fotos corresponden a las series mencionadas en la entrevista, para mayor información de cada una de ellas y para ver en amplitud el trabajo de Pablo visita el blog:









miércoles, 24 de julio de 2013

la edición independiente de la rebeldía a la revolución




La edición independiente: de la rebeldía a la revolución 

por Farah Hallal 



Una anécdota.
Cuando empecé a trabajar en Ediciones SM me sentí muy feliz porque por primera vez en mi vida me tocaba trabajar en exclusiva con algo que me gusta tanto: los libros. Pero empecé a dudar un día, todavía recién llegada, al escuchar a la directora comercial, una mujer que estuvo trabajando por más de diez años en Santillana. Ella aseguraba que prefería vender clavos que vender libros. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de lo complejo, y muchas veces frustrante, que era “el negocio”. Yo venía del mundo publicitario, en el cual, muchas veces lograbas cosas asombrosas con sólo pautar un anuncio de televisión o colgar algunos afiches. 




Puede que sea muy impetuoso dar inicio a mi intervención ventilando una pregunta que no para de dar vueltas en mi cabeza ¿qué nos mantiene atados al oficio de la obstinación? Editar de forma independiente puede llegar a tener más de una definición: nadar contracorriente, atacar por la espalda las finanzas personales, tocar la puerta de los amigos (una y otra vez), maldecir la crisis económica, soñar despiertos en la fila del cajero, hacer pulso con la realidad de los altos costos del proceso y la lenta salida que tiene lo que ofrecemos al mercado. 


¿Por qué hacemos lo que hacemos en vez de dejar el oficio y dedicarnos a vender clavos? ¿Lo hacemos como un acto de rebeldía? ¿Estamos en un momento de resistencia que mejorará con el tiempo? ¿Habría algún modo de revolucionar la manera de ejercer el oficio que mueve nuestra pasión?
A mi juicio, catalogar la edición independiente como un acto de resistencia o rebeldía no es algo ni nuevo ni local. Desde que Gutenberg cambió la forma tradicional de reproducción con la que se ganaba la vida, nuestro oficio se mantiene en resistencia. Y aunque el procedimiento para fijar y conservar el mensaje ha variado a lo largo de la historia, nuestro único desafío no ha sido el formato que tanta inquietud causa actualmente con el tema del e-book. Antes ya tuvimos retos más complejos, por ejemplo, la censura por razones religiosas y políticas que a los interventores del proceso les podía costar la vida. Quiere decir que antes del e-book, usamos piedras, huesos, conchas, papiros, pergaminos y papel. 


Con el tiempo también los tipógrafos se hicieron imprescindibles hasta que un día –sin más ni para qué- fueron innecesarios. Con la huelga del 8 de diciembre de 1962, promovida por la Unión Tipográfica Internacional que se oponía a la introducción de las tecnologías electrónicas, Nueva York estuvo cien días sin periódicos con pérdidas superiores a los 108 millones de dólares. Y sólo en 1983 más de 13,000 tipógrafos en Londres perdieron sus puestos de trabajo.1
¿Cuáles son los grandes desafíos que tenemos quienes soñamos con mantenernos en un oficio que, de ser tradicionalmente reconocido como ‘especializado’, ahora parece que corre el riesgo de caer en lo obsoleto? Con los programas de diseño, que permiten que el autor diagrame el libro en tres pasos y lo mercadee, venda y distribuya de forma digital, no sólo corre el riesgo de desaparecer la figura del diseñador y diagramador, también del editor y el librero tradicional. 


Y del tema de la distribución y los canales de venta no hablemos: algunos países están interviniendo económicamente tratando de contener el cierre de las librerías tradicionales.2 Pero francamente hablando, ¿eso hasta cuándo sería sostenible? 


¿Cuáles son las características que un espíritu revolucionario aportaría a nuestro trabajo? ¿Cómo aplicamos el concepto de la revolución a un oficio como la edición, que se mantiene en resistencia pero al parecer está en la antesala, si no de la muerte, por lo menos de la agonía? 


Es posible que esta situación que pinta un triste final la estemos viendo como un problema cuando realmente es una oportunidad para posicionarnos como expertos en lo que sabemos hacer. La clave no creo que sea solo disponernos para formar parte de este proceso de cambio. Me voy más allá: creo que los editores y los editores independientes deberíamos liderar este proceso de cambio. 


A modo de describir un poco la realidad en mi país, comento que el editor independiente no se ve como un pequeño emprendedor que dinamiza la economía. Y este desconocimiento de su propio lugar en la dinámica económica puede ser clave en el mantenimiento de un proceso de producción que no es auto sostenible. El editor independiente que no es consciente de que debe dar a su oficio una estructura para normar el funcionamiento o que debe tomarse el tiempo de sentarse a diseñar un plan de trabajo está condenado, por la improvisación, a llegar más tarde a su destino. Si es que tiene claro su destino.
(Andar a tus aires puede ser muy poético, muy artístico, pero desgasta y contribuye a no alcanzar un propósito). 


Y aunque parezca inocente, es éste el primer llamado que hago para revolucionar nuestro oficio: que nos detengamos a revisar lo que hacemos y nuestras motivaciones para que tengamos claro cuál es nuestra finalidad. Y me explico: no es lo mismo editar libros para venderlos, que editar un determinado tipo de libro que sirva como herramienta o instrumento para alcanzar una finalidad superior. Detrás de esta finalidad superior deberíamos andar cada día. Probablemente el tener claro esta gran finalidad y las estrategias mediante las cuales alcanzaremos este propósito, nos dejará claro innumerables tipos de acciones cuyos ejes transversales nos ayudarán con menor esfuerzo a conseguir más y en menos tiempo.


Y es que la edición independiente puede verse de muchas maneras. Como un negocito familiar, como una pasión tipo hobbie, como una fuerza capaz de lograr grandes propósitos y como lo hice yo al principio: como un acto de rebeldía. Casi como una protesta social. 


Un día sentimos la necesidad de hacer justicia por nuestra propia mano y acabamos rebelándonos todos contra un gran sistema comercial. Un sistema que nos dicta quién tiene derecho a publicar qué contenido; que decide a qué se le da resonancia en la prensa y, por supuesto, influye en qué es creíble y qué no. Entendemos que quien tiene poder mediático incide en el pensamiento, las creencias, las ideas, los valores y la opinión de las personas. Contra eso nos levantamos nosotros una y otra vez y deberíamos estar conscientes de eso.
En el caso de las editoriales independientes, como en todo medio que quiere ser verdaderamente autónomo, se le hace difícil sobrevivir. Los periódicos y las televisoras se sostienen gracias a los anunciantes, que a su vez responden a intereses particulares. A los libros de espíritu independiente… ¿Quién los patrocina? ¿Cómo se sostienen? ¿Quién los compra? ¿Quién los vende? Porque además los editores independientes generalmente –como decimos en mi país inspirados en el beisbol- jugamos en todas las bases. Somos editores, correctores, comerciantes, gestores culturales, maestros de ceremonia, choferes, impresores, encargados de relaciones públicas… entre otros muchos oficios útiles al momento de echar a andar una publicación. 


Para dejar de funcionar como espíritu en resistencia y empezar a plantearnos cambios de fondo, me parece esencial que profundicemos, tomando en cuenta la naturaleza de nuestro oficio y la razón de ser de nuestro sello, sobre cuál es el papel que estamos jugando vs cuál es el papel que nos corresponde jugar, no vayamos a estar repitiendo en menor escala lo que las grandes editoriales hacen a gran escala (eso está muy visto en mi país). Mi propuesta es que empecemos analizando si nuestro deseo último es acabar convertidas en grandes editoriales; aspirando no sólo a su poder económico y político, sino a participar de la dinámica comercial apropiándonos de sus valores y creencias. 


Investigando qué piensan las grandes editoriales españolas, me encontré con una gran sorpresa. La de ver que las editoriales con respaldo económico hoy se hacen las preguntas que los editores independientes nos hicimos siempre. 3 Ahora ellos están interesados en: 


1. Conocer a los lectores y sus preferencias: detenerse en la investigación y segmentación del público objetivo. Esto confronta su tan conocida cultura de publicar libros de famosos para invertir menos en posicionarles. 


2. Recuperar el lector, es decir no conformarse con vender. Esto sugiere relaciones a largo plazo y el implemento de actividades fuera de los puntos de venta. Actividades dirigidas menos a los consumidores y más a las personas. 


3. Publicar menos novedades y hacer un trabajo de más profundidad. 


4. Detectar buenos libros incluso cuando sus autores son desconocidos. 


5. Abrirse a géneros o temáticas distintas. 


6. Salir a buscar a los autores de libros interesantes entendiendo que no todos se acercan a la editorial. 


7. Hacer sostenible el sector (no solo la editorial que diriges). 


8. Proteger y dar vida a los canales de venta tradicionales: las librerías. Identificar nuevos canales de venta. 


9. Mantener la promoción innovadora y difuminar la frontera de nuestro trabajo. 


10. Perseguir un ideal superior y posicionarnos como editores confiables no solo para el consumidor también para los autores. 


Muchas de estas prácticas el editor independiente ya las ha intentado, que conste que sin contar con respaldo económico y, en consecuencia, sin recursos humanos. Entonces si ya probamos eso ¿Cómo podríamos nosotros mejorar nuestro quehacer? Creo que para lograr una práctica revolucionaria en nuestro oficio no hay una fórmula puesto que cada editorial tendrá su razón de ser y su proceso de cambio será único y acorde a su finalidad. Y aunque nuestra motivación no sea comercial, nos interesa que nuestros libros sean producidos, distribuidos, comprados y leídos. 


Y no hay fórmula porque lo que le vale a un sello especializado en editar literatura infantil inspirada en niños con discapacidad o capacidades especiales, no es lo que le será revolucionario a una editorial cuyo propósito sea dar a conocer literatura en lenguas a punto de desaparecer. Ni siquiera es un asunto de qué hacer, sino de cómo hacerlo. Y creo que lo que más cuesta es disponerse a enfocarse en un tipo de literatura o libro porque nuestra idea de libertad está muy asociada a “hacer lo que me venga en gana y publicar lo que quiera”. A cada uno de nosotros nos tocará definir el enfoque de nuestras prácticas.
En tal sentido, un editor independiente con espíritu revolucionario debería: 


1. Estar preparado para promover el cambio 


2. Estar comprometido con el cambio 


3. Estar abierto a nuevas ideas 


4. Estar consciente del cambio 


5. Liderar este proceso de cambio 


Pues definitivamente hay muchas maneras de lograr lo mismo. Y teniendo al margen el qué haría cada uno de nosotros, he llegado a la conclusión de que el futuro del editor independiente podría ser la conformación de comunidades editoriales y culturales colaborativas. 


Cuando pienso en un editor independiente mi cerebro recrea a alguien trabajando solo. Y lo último que una persona revolucionaria haría sería trabajar sola. Y no estoy hablando de alianzas estratégicas puntuales. Estoy hablando de la conformación de fuertes comunidades colaborativas con otros editores independientes de manera que se sumen fortalezas y se disminuyan las debilidades. Porque si tú eres bueno editando y yo elaborando planes de comunicación, las probabilidades de tener aciertos crecen. Si tú distribuyes en cinco provincias y yo en las otras cinco, los libros de ambos sellos, pues los costos operativos bajan y la distribución es más efectiva. 


Mi sugerencia es pasar de la asociación puntual a la alianza estratégica identificando bajos costes de producción, aprovechando la transferencia de capacidades de doble vía, identificando y buscando soluciones a problemas comunes, sirviendo como sedes que favorezcan la distribución en otras latitudes sin necesidad de mayores gastos operativos; que espacios como Edita además de servir para socializar ideas, sirvan para hacer funcionar mesas de trabajo con planes comunes colaborativos donde se aproveche la experiencia de sus miembros y se fortalezcan las debilidades de unas con el resultado de las experiencias de otras, que se impulse la integración en nuevos mercados estos sellos editoriales que se les haría muy cuesta arriba introducirse de otro modo por los altos costos que supone la investigación, los billetes aéreos, entre otros.
Revolucionar la forma en la que venimos trabajando puede ser la clave. Y esto amerita un espacio aparte para profundizar en la composición particular que tendría esta comunidad colaborativa que serían tan diversa como diversa sea la finalidad de cada una. ¿Te imaginas que en vez de que tres editoriales literalmente se maten por un mismo blanco de público, estas tres editoriales independientes identifiquen su finalidad última, en base a eso determine cada una su segmento de mercado, diseñen su plan de trabajo y se ayuden a alcanzar estas metas? 


En mi país empezamos con la comunidad colaborativa Y también soy palabra. Artistas de diferentes disciplinas nos estamos apoyando para alcanzar metas comunes que trascienden a nuestros intereses particulares. Todavía es muy temprano para hablar de metodología y resultados pero lo cierto es que ha sido una experiencia interesante que nos hace ver que esta distribución del trabajo, incluyendo a la misma comunidad como un actor importante, nos ayuda a alcanzar aspiraciones más nobles. 


Creo que el futuro de las editoriales independientes, como el del ser humano, es la unidad. Ya en Chile y otros países hay algunos ejemplos de editoriales que han dejado de gastar energías para pelearse por el mismo segmento de mercado, y en vez de eso unen sus fortalezas y recursos para alcanzar metas comunes a largo plazo. No tendríamos la libertad de actuar con la rebeldía y el desenfado instantáneo que muchos de nosotros gozamos y celebramos, pero podríamos, con cierto orden y estructura, conseguir ideales superiores. Sería cosa de preguntarnos si estamos realmente abiertos al cambio de paradigmas o si ser independiente es lo mismo que andar solo. 


Muchas gracias

via: Edita 2013

el autor como marca: la verdad sobre el caso robert galbraith (más conocido como j. k. rowling)



Las reacciones y el impacto en ventas que provocó la noticia de que la escritora británica J. K. Rowling había publicado la novela policíaca The Cuckoo’s Calling bajo el seudónimo de Robert Galbraith pone en evidencia la importancia del autor como marca. Esta novela cuyo autor fue presentado en su momento como un ex investigador de la Royal Military Police salió al mercado el 18 de abril de 2013, hasta el pasado domingo 14 de julio había registrado un volumen de ventas modesto y había tenido una acogida más bien positiva entre ciertos reseñistas y comentaristas de libros. The Cuckoo’s Calling supuestamente era la opera prima de Galbraith y fue publicada por el sello Sphere de la filial británica de Little, Brown Book Group —el mismo grupo que a finales de septiembre de 2012 publicó The Casual Vacancy, la primera novela para adultos de Rowling—.



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Una vez se supo a través de una presunta filtración del abogado Chris Gossage de la firma Russells Solicitors que detrás del desconocido Robert Galbraith se escondía J. K. Rowling las ventas de The Cuckoo’s Calling se dispararon, coincidiendo justo con la víspera del lanzamiento de la edición de bolsillo de The Casual Vacancy —que salió al mercado el pasado jueves 18 de julio—. ¿Se trata de una metida de pata debido a la indiscreción de un abogado de la firma de la que Rowling es clienta que habló más de la cuenta con la mejor amiga de su esposa —que fue quien difundió la información vía Twitter— o de una estudiada jugada de marketing que orquestaron conjuntamente la autora, su agencia literaria —que también decía representar a Galbraith— y Little, Brown Book Group? Si vamos más allá de lo meramente anecdótico, la respuesta a esta pregunta importa poco. Lo realmente importante en toda esta historia es lo que tiene que ver con la trayectoria que siguieron las ventas de The Cuckoo’s Calling después de que Rowling, su agencia literaria y su editor confirmaron que en efecto la autora de la saga de Harry Potter y Galbraith eran la misma persona.

Entre el 18 de abril y el pasado 14 de julio Little, Brown Book Group había vendido 1.500 ejemplares de The Cuckoo’s Calling en el Reino Unido. A raíz de la revelación de que la autora de The Cuckoo’s Calling era Rowling la editorial tuvo que mandar a imprimir 140.000 ejemplares de la novela para responder a los pedidos de los puntos de venta británicos, que rápidamente habían agotado sus existencias y que debían atender la demanda de su clientela. Como en el mundo digital no aplican los principios de la economía de la escasez que rigen la producción, la distribución y la comercialización de mercancías físicas, quienes no pudieran hacerse con un ejemplar en papel de The Cuckoo’s Calling mientras tanto podían comprar en cualquier momento la versión digital de la novela —que según informa Digital Book World, fue el e-book más vendido en Estados Unidos en la semana del lunes 15 al domingo 21 de julio pasados—. Ayer The Bookseller reportó que a partir del domingo 14 de julio las ventas de The Cuckoo’s Calling en el Reino Unido se dispararon un 41.000%.

La fidelidad a Rowling y la curiosidad con respecto a su nuevo libro pudo haber llevado a muchos lectores a comprar The Cuckoo’s Calling cuando se reveló la verdadera identidad de su autora. Rowling parece ser una marca lo suficientemente potente como para vender cualquier producto editorial que lleve su firma independientemente del género al que pertenezca. La firma de J. K. Rowling en sí misma ya es un argumento de venta. ¿Cuántos autores —independientemente de los géneros de los que se ocupe su obra y de la factura de ésta— quisieran que su marca fuera así de potente y que su firma tuviera este poder? Supongo que cuando un autor publica lo que escribe es porque quiere que su obra se venda, circule y se lea tanto como sea posible —y me imagino que el orden de prioridad con respecto a estos tres elementos puede variar de un caso a otro—. Por otro lado, está claro que para muchos lectores el nombre del autor es no sólo la vía más fácil para buscar, encontrar o descubrir un libro sino también un criterio central en el proceso de selección de sus lecturas.

¿Por quién vendrán firmadas las próximas ediciones de The Cuckoo’s Calling, por Robert Galbraith o por J. K. Rowling? ¿The Cuckoo’s Calling conservará la firma de Robert Galbraith y para asegurarse un gancho comercial la editorial aclarará de alguna manera que detrás de este nombre se esconde J. K. Rowling, tal y como hace Alfaguara cuando anuncia mediante una pegatina que pone en las portadas de sus novelas que ‘Benjamin Black es John Banville’?

Si alguien quiere interrogar a la autora con respecto a la verdadera historia detrás de The Cuckoo’s Calling, de momento tendrá que esperar porque en el espacio de la página Web de la editorial dedicado a la novela se anuncia que ‘J.K. Rowling will not be available for interview’.

Con respecto a este tema recomiendo leer el artículo “Ten Lessons Learned from the Outing of J.K. Rowling as the Author of The Cuckoo’s Calling, que fue publicado ayer en Digital Book World.

lunes, 17 de junio de 2013

sobre Jersey City de Macarena Urzúa

Jersey City de Macarena Urzúa
como la parada de una mosca
sobre una mano antes de espantarla

(Editorial Fuga, 2009)

por Francisco Leal


Así te contaría Samir sobre el libro de la Maca Urzúa.
 “Desde que soy criatura vagabunda, desterrada voluntaria, parece que no escribo sino en medio de un vaho de fantasma.” Asumía Mistral, y se puede decir lo mismo de Jersey City de Macarena Urzúa: destierro, vagabundeo y fantasmas son erosiones y desgarros en este poemario, y también espectros: voces que aparecen y desaparece, situaciones apenas distinguibles de un fondo nublado.
El título del poemario es extraño. Es un punto preciso en el mapa, las coordenadas de ese aquí o allá que distingue una escritura íntima cercana a las crónicas. Jersey City, a las orillas de Nueva York. Pero el lugar no es pertenencia ni garantía. Es también una forma de desubicación. Trenes, lenguas, historias o rumores, paisajes y su naturaleza íntima parecen ajenos, siniestros. Extraña complicidad sobre un escenario que se esfuma, como en esta fábula llena de ojos.
El niño la mira y se sonríe
al mirar mi cara de desubique
ante ese idioma y ese diálogo esa pelea
que nombra una y otra vez
la palabra ciudad
repitiendo
in this city in this city
La lengua confundida, acentos, nombres colonizados por el padecimiento virulento del exilio, que es también la cláusula de una lengua que parece ignorante (no muda o inútil) frente a los fulgores del vacío y los acontecimientos, sean estos insectos —que felizmente abundan— pájaros, árboles, autos o personas que aparecen y desaparecen, historias que no se terminan de contar o suceder.
Un naipe en la calle, ¿qué dice? Objetos, movimientos, lugares y ruidos apenas separados del silencio y las nieblas a través  de una voz íntima, crónica  y espectral.
Un fantasma recorre Jersey City, el fantasma de las cosas que apenas suceden cerca del poema. No importa el epicentro (si es que los hay) sino las réplicas, siempre confusas, imprecisas. 
La intimidad es tenebrosa. La forma de diario parecen crónicas de un naufragio. Habla “cargada de incendios ya apagados, arreglados.”  No hay arreglo. El ojo engaña, la mirada al sesgo y distraída no calca el deseo de la anamorfosis que no aparece: el volumen es desaparición y ausencia. No hay nada. Los ruidos son palabras y acentos; los paisajes se difuminan en los movimientos.
Jersey City es recorrido por trenes, bicicletas, cafés y por supuesto, indiscretas ventanas. La niebla de fondo no apacigua el fulgor. Furia por ejemplo contra la profilaxis capitalista: mesas de picnic que no tocan la hierba, o periódicos que no se mojan con la lluvia o Mr. Softee con su espeluznante melodía intraducible.
El descentramiento de esta poesía no es higiénico. El tono leve y comedido es también de rabiosa angustia.

Ojeadas sin encuadres. (Se dirá que la mirada que objetivista!) El ojo está puesto en la distracción más que la atención. Sacarse/ taparse los ojos para ver. La mirada atenta ve poco, describe. La distraída sabe los colores del cielo.
Escritura de frente con la negación. En el libro las cosas no son: no hay silencio, no se oyen guitarras, no como cuerpos gastados, no hay palabras, no son lágrimas. Poemas que se escriben en negativo, en un sentido casi fotográfico: lo que no está, lo que no se alumbra —sombras blancas. En negativo resalta una ausencia vuelta espectro. Benjamin veía con estupor a la fotografía: si hubiese visto sus negativos, mayor sería su espanto. Cerca de ese no decir o decir en negativo, están las marcas de cercanía: los apenas, a punto. Lo que casi se dice, lo cercano, lo inquietante como un advenimiento que no se constata.
Parecen poemas sobre abismos. Los nombres de los abismos: alcantarillas, cunetas o ventanas. —Un niño pasa por afuera de la ventana llevando globos verdes. El deseo del globo, sus colores relucen en lo ajeno. Es insulso llevar uno los globos. Solo ascienden hacia las nubes van al cielo cuando no están al alcance de la mano.
Otro ejemplo: un pájaro rojo pasa. No se sabe el nombre del ave o de tamaña visión. Simplemente pasa, y su vuelo es un augurio. El pájaro rojo perfora el día con su insignificante misterio: como los insectos que se posan, de suerte. Jersey City está rodeado de esa suerte multiplicada que circula y flota. Es una suerte. Estas palabras, tú sabes Samir, siempre ahuyentan y a la suerte no se la espanta.